Es común asistir al avasallamiento por parte de los paquetes publicitarios que nos indican qué comprar en la Navidad. En muchos países la pobreza, la mala economía atentan contra el deseo de los padres de agasajar con un regalo a sus más pequeños.
¡Cuánta ironía!... Observar en los escaparates cientos de artículos que los más pequeños añoran y que no se los pueden comprar. Y pensar que sin regalos - dicen - no hay Navidad.
Cuánto de engaño trae aparejado esta cruel realidad, que sobrepasa la inocencia y la ternura de los niños que no alcanzan a eculubrar porque un niño igual a él, tiene mejores regalos (no dicen que Papá Noel pasa por todas las casas y los dormitorios de los niños con una bolsa de regalos PARA TODOS no sólo para unos CUANTOS).
Lo que pasa es que, la fiesta de la Navidad está perdiendo la espiritualidad que antaño tuvo. Y se está convirtiendo en una guerra de marcas, en una guerra del marketing, en la que poco importa el bolsillo de los niños pobres... Total!... siempre habrá otros niños a quien vender.
El Latino.
miércoles, 27 de diciembre de 2006
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